Era uno de esos secretos a voces. Una voz tan prodigiosa como la de Alondra Bentley no podía pasar desapercibida para la industria musical, ni siquiera cuando apenas se conocía de ella unas pocas demos, y tras decidirse entre múltiples ofertas discográficas, finalmente llega su debut en formato largo: “Ashfield Avenue”, una referencia a la calle en la que nació, en Inglaterra (desde hace muchos años reside en Murcia). Un debut marcado por los sentimientos a flor de piel, por una figura emocionante, emotiva, que aprovecha todos sus recursos para firmar una docena de composiciones (en la edición de vinilo serán trece) que hablan directamente al oyente, sin recovecos, con una honestidad y un cariño propios de una artista que destila amor por todos sus poros, y sobre todo, por una voz que es todo un hito en si misma. Cuando alguien pone un título así a un disco, es porque hay mucho de uno mismo en él, y esa entrega, en este caso, se aprecia en cada nota, en cada segundo, mostrando las luces y sombras que toda persona vive.
Utilizando como vértices de un polígono imposible grandes nombres femeninos de la historia, “Ashfield Avenue” es una obra que se erige como un dechado de sensibilidad, candor, sentimientos encontrados, que se mueve entre texturas agridulces e imponentes referencias: de Vashti Bunyan a Joni Mitchell, de Nina Simone a Judy Garland, de Nick Drake (permítanme la licencia masculina) a Jolie Holland. Grabado en el Puerto de Santa María (Cádiz) en los estudios de Paco Loco, el disco ha contado con importantes colaboraciones que han participado de la intimidad y el minimalismo de un disco pensado al detalle: empezando por los arreglos de Joserra Semperena (también arreglista de La Buena Vida entre otros), la producción de Cesar Verdú (Schwarz, Ciudadano) y las participaciones de Pigmy, Xema Fuertes (Ciudadano), Joaquín Pascual (Travolta, Mercromina, Surfin’ Bichos), Gary Olson (The Ladybug Transistor) e Isobel Knowles (Architectures in Helsinki) entre otros.
En definitiva, un disco lleno de humanidad, de esos que le hace a uno sentirse vivo en todos los sentidos, de los que deben guardar lágrimas y euforias, y es que, con pocas armas, con escasas herramientas, pero con gran inspiración, Alondra Bentley ha conseguido eso que tan escasamente ocurre en la música, pero que arrebata cuando aparece: magia.